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¿Qué es la conexión pública?

Conexión

Manuel Alejandro Guerrero

En los últimos 20 años, tanto en las democracias consolidadas como en las emergentes se registra una participación cívico-política a la baja a través de los canales tradicionales –desde el voto hasta la militancia en partidos y sindicatos. Esta situación ha coincidido en el tiempo con la aparición de un nuevo entorno multimediático y digital definido por una oferta creciente de contenidos a través de una gran variedad de plataformas, por una audiencia cada vez más fragmentada, por un traslape cada vez mayor entre información y entretenimiento, y por la inusitada capacidad de interacción de los individuos con los contenidos que consumen. Lo que le queda claro al habitante de la urbe actual es su papel como consumidor, el cual ejerce cotidianamente en distintos niveles y ámbitos. La cuestión es si para el habitante de las democracias de nuestros días, sean consolidadas o emergentes, cobra algún sentido la condición de ser ciudadano en su vida diaria, o bien, se trata tan sólo de un supuesto teórico que permite legitimar la marcha continua de los gobiernos.

 

 

Entre 2003 y 2006 un grupo de académicos británicos bajo la dirección de Nick Couldry, Sonia Livingstone y Tim Markham en la London School of Economics (LSE), llevaron a cabo una investigación original que pretendió comprobar en la vida cotidiana de las personas qué sentido puede tener la democracia y la práctica cívica y qué papel desempeña el consumo mediático para sostener tal sentido (Media Consumption and Public Engagement. Londres: Palgrave, 2007). En la teoría democrática ambos supuestos son muy claros: por un lado, la noción de que como ciudadanos compartimos “una orientación hacia el mundo público en donde se tratan –o deberían al menos tratarse– los temas de preocupación común: esta orientación se define como ‘conexión pública’”(p.3). Por el otro, se asume también que esta conexión pública se alimenta, en buena parte, a partir de la diversidad del consumo mediático.

 

 

Como parte de una red global de académicos, hace un año decidimos llevar a cabo este proyecto en México. El proyecto se ha centrado entonces en dos cuestiones centrales para la vida democrática contemporánea: primero, encontrar evidencia que sustente esta supuesta orientación hacia los temas y asuntos públicos que, de una u otra forma, afectan la vida colectiva más allá de la esfera privada y que requieren, por tanto, de discusiones y resoluciones comunes. Es aquí en donde se analiza también la existencia de ese supuesto sentido cotidiano de la ciudadanía entre los individuos y la posibilidad de que les conduzca eventualmente a participar de los asuntos públicos. En segundo lugar, analizar el papel que juega el consumo mediático para fomentar o inhibir en ellos el desarrollo y el mantenimiento de esa orientación hacia lo público. Lejos de dar por hecho el supuesto de responsabilizar al contenido mediático del declive en las formas tradicionales de participación cívico-política, este proyecto cambia de enfoque y se concentra en analizar las distintas formas de relación que establecen los individuos con esos contenidos sin prejuzgar la calidad o no de los mismos. De este modo, el papel del contenido mediático cambia de ser considerado un supuesto a convertirse en un problema de investigación.

 

 

En esta sección, iremos discutiendo no sólo los resultados de este proyecto para el caso de México, sino también se presentarán breves análisis de encuestas y otros instrumentos metodológicos que nos permitan entender mejor la intersección entre participación cívica, consumo mediático y vida cotidiana.

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